Carta de amor a mi amante asiática.

Hola mi amor. Aquí me tienes, escribiéndote estas líneas porque te echo mucho de menos. Hace unos días estaba repasando unas fotos y, cuando te vi, me entró una nostalgia grandísima y no me he podido resistir a escribirte. Siento que así es la mejor manera de sentirte de nuevo cerca.

Portada modificada de la película Hiroshima mon amour

Mi amante asiática

Te puedo recordar y ese recuerdo lo puedo hacer con todos los sentidos, porque tú, Hanoi, existes para adorarte con todos los sentidos. Te oigo, oigo tu ajetreo, tus llamadas de atención hacia mi con el característico “¿cyclo, sir?“, te oigo con el ruido de los coches, pero sobre todo de las motos que inunda tus calles. Te oigo en silencio, el silencio del Templo de la Literatura, que parece una burbuja dentro del bullicio de la ciudad, quizás porque fue la primera universidad del país, y eso seguro que se contagia. Te oigo con tu música tradicional en el Espectáculo de Marionetas, escrito así, en mayúsculas, porque es un auténtico Espectáculo.

La paz y el sosiego en el Templo de la Literatura

La paz y el sosiego en el Templo de la Literatura

Pero también te veo, desde el monumental Mausoleo y la antigua Residencia de Ho Chi Minh hasta las calles del Old Quarter, donde los diferentes gremios de trabajadores se unen por calles y así tener la calle de los zapateros, la de los sastres, la de los ferreteros….e incluso, la más moderna, de las agencias de viajes. Te veo en el imponente Lago Hoan Kiem, centro y corazón de la ciudad, donde está la tortuga que es símbolo de Hanoi y que está, al cruzar el puente del Sol Naciente, en el Templo Ngoc Son. Me gustas Hanoi.

Lago Hoan Kiem, el centro de Hanoi

Lago Hoan Kiem, el corazón de mi amada

Te toco, o mejor, me tocas. Me tocas con tu humedad, a veces asfixiante, casi insoportable, pero que sigo extrañando. Sudo como si estuviera en plena maratón, aunque estoy quieto, sentado, mientras toco la calculadora que me dan los comerciantes que regatean todos los precios. Echo de menos mucho esa sensación de agobio, que lejos de ser agradable, engancha.

Una de las calles de Hanoi, con motos, por supuesto

El calor y la humedad haciendo de las suyas

Hanoi, te saboreo. Saboreo tus comidas, tu sopa pho, tus mini rollitos, tu arroz. Saborearlos sentado en esas diminutas sillas de los puestos callejeros, en cualquier calle, que siempre están llenos y que tan buena comida hacen.

 

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Me gusta saborear tu cerveza, de grifo, tan barata que con poco dinero puedes beberte mil litros. ¡¡ Y que bien sienta una cerveza fresca con el calor que hace !!. Te saboreo, pero no solo con el gusto, sino también con la vista, cuando paseo por el elegante Barrio Francés y me hace sentir en épocas coloniales pasadas.

Comiendo en los puestitos callejeros. Buenos y baratos.

Comer en los puestitos callejeros. Buenos y baratos.

Te huelo. Te puedo oler. Hanoi, hueles a incienso. Tu Pagoda del Pilar Único huele a incienso, el que dejan los fieles que van allí a rezar. Ese templo que imita a una flor de loto. Exacto, a eso hueles, a una flor de loto.

La pagoda del Pilar Único

Una flor de loto convertida en pagoda

Te quiero Hanoi, te quiero con todo mis sentidos, los mismos que se necesitan para cruzar una calle mientras los coches y las motos te van esquivando. ¡¡Qué difícil fue hacerlo el primer día!! Pensaba que me quedaba en ese lado de la calle todo el tiempo. Pero aún asi me enamoraste, porque tú, Hanoi, enamoras a cualquiera.

Chicas cruzando la calle en medio de miles de motos

La aventura de cruzar la calle en Hanoi

Mi pequeña Hanoi, Hanoi mon amour.

Restaurante mi pequeña Hanoi

Mi pequeña Hanoi

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